El Perú Después de La Guerra

Chorrillos destruido por la guerra con Chile
Imagen Complementaria: Chorrillos destruido por la guerra con Chile | Foto: Courret (1881)

Lectura para realizar en Clase

✍ Área: Historia, Geografía y Economía.
✍ Competencia: Construye interpretaciones históricas.
✍ Capacidad: Elabora explicaciones históricas reconociendo la relevancia de determinados procesos.
✍ Indicador de desempeño: Explica la importancia de algunos hechos o procesos históricos a partir de las consecuencias que tuvieron, o reconoce cómo o por qué cambiaron a su comunidad, región o país o al mundo.

Lectura: El Perú Después de La Guerra
Adaptado de “Historia de la República del Perú”, Vol. IX Jorge Basadre.

Al terminar la pesadilla de la guerra y de la ocupación, el país seguía viviendo. Pero era un país exangüe, amputado, dolorido. En suma un país yacente.

“¡Qué horroroso espectáculo dado al mundo y qué terrible llaga en el corazón de los pueblos!”, escribió Emilio Castelar al comentar las noticias que llegaban a España sobre los últimos sucesos de la lucha entre Perú y Chile. “No puede darse – decía también– un estado más triste que el estado actual de la nación vencida.

El luto por muertos queridos entristecía a numerosas familias. Era fácil ver las ruinas y destrozos en los campos o ciudades que fueron escenario de batallas y combates o estuvieron bajo la ocupación. Faltaban labradores y braceros en las haciendas. Así era más lacerante el recuerdo del pasado inmediato, convertido en presente por el homenaje solemne a los caídos que recién podía hacerse en público y por las recriminaciones ante los errores o pecados que a su hora, favorecieron la catástrofe. El cuadro de la situación nacional era aún más terrible. El Perú ya no tenía escuadra. Los restos, desmedrados, de su ejército combatían entre sí. Abrumaban a la hacienda pública y a la economía privada el empobrecimiento general del país; la fuga o la merma de capitales; la depreciación progresiva del papel moneda que las necesidades de la defensa obligaron a emitir en abundancia; la semiparalización del comercio exterior durante cinco años; la destrucción de los elementos de movilidad en los puertos; la ruina dejada en la agricultura por las batallas y combates y otros acontecimientos bélicos y también por las expediciones de Lynch. El aparato tributario íntegro tenía que ser acomodado a una situación fiscal de imprevisto o irremediable empobrecimiento....

El tratado de Ancón había cercenado una zona considerable del territorio que incluía la totalidad de la riqueza del salitre y parte de la del guano; y, con ello, arrebató al Perú los medios de atender a sus acreedores extranjeros, y lo obligó a asumir, dentro de su pobreza, la responsabilidad de una deuda enorme. El pago de ella parecía imposible con un presupuesto nacional de siete millones de soles. Ni siquiera llegó aquel tratado a terminar la cuestión con Chile; por el contrario, dejó abierta una larga y penosa querella con ese país en la cual se invirtieron por largos años grandes caudales de refuerzo, dinero y pasión. Al amparo de ese litigio y de la debilidad del Perú creció paulatinamente la magnitud de los problemas con Bolivia, Ecuador y Colombia, mientras que Brasil, dueño de las desembocaduras de los ríos Purús y Yurúa, iba a extender sus posesiones al crecer la importancia económica del territorio amazónico con la explotación del caucho. Así el Perú a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX afrontó cinco graves cuestiones internacionales a la vez.

Había algo todavía peor que la desolación inmediata, la angustia económica privada y pública, la debilidad, la soledad y las asechanzas de los países vecinos; era el complejo de inferioridad, el empequeñecimiento espiritual,  perdurable jugo venenoso destilado por la guerra, la derrota y la ocupación.
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