Atahualpa

La captura del Inca Atahualpa en Cajamarca
La captura del Inca Atahualpa en Cajamarca
Autor Juan B. Lepiani, pintor peruano (1864-1932)

Atahualpa

Por: Juan José Vega

Según los primeros españoles que vieron, era bien dispuesto, el rostro grande, hermoso y feroz, los ojos encarnizados en sangre. Era hombre de inteligencia excepcional. Aprendió el idioma español en sólo 20 días y en tiempo parecido el juego de ajedrez de sólo mirar como lo hacían los españoles.

Era soberbio, no escupía en la tierra sino en las manos de las mujeres y se lavaba en una fuente de oro puro. Cuando caminaba iban delante suyo 4 500 indios limpiando los caminos.

Igual orgullo demostró frente a los españoles, no aceptaba lisonjas y cuando Francisco Pizarro lo elogió, el Inca respondió con desdén: “Soy tal cual mi madre me hizo”. Actuaba como un príncipe y dejaba sentir su desprecio contra los españoles que no eran nobles. Decía que el único entre los españoles que parecía señor era Hernando Pizarro de quien fue amigo. A Francisco Pizarro lo sometió a una prueba: cuentan que el Inca hizo escribir en su uña la palabra Dios y luego pidió a Pizarro que la leyera. Pizarro no pudo hacerlo. Comprendió el Inca que era analfabeto y desde entonces lo tuvo a menos.

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