Los Puentes Tawantinsuyanos

Los Puentes Tawantinsuyanos

Fuente: Revista del Centro Cultural UNMSM
Oficina de Turismo

Habida cuenta de la gran cantidad de ríos y encañadas de distinto volumen y amplitud que había que atravesar en cualquier recorrido, sucedió que las distintas culturas que precedieron al incario y, particularmente en tiempo tawantinsuyanos, se tuvieron que construir, y se construyeron, una gran cantidad de puentes, adecuados tanto a la topografía del lugar para el que se les fabricó como en consideración de los materiales y personal de que se disponía en los alrededores. En función de estos factores, hubo en el Perú antiguo distintos tipos de puentes.
Es probable que la mayor proporción de estos puentes (que se contaban por millares) fuera de piedra, porque este material tiene la gran ventaja de su durabilidad y de su solidez, aunque tiene igualmente la desventaja de que su luz no podía ser muy extensa, salvo el caso de algunos de los que fueron construidos sobre ríos de poca profundidad y particular anchura (como el del lago de Yauricocha, ubicada en la Sierra Central). Esto se explica, entre otras razones, porque la técnica empleada para la fabricación de los puentes era construirlos sobre columnas de piedra que servían para sostener lajas de piedras largas puestas de una columna a otra. En runasimi, a tales construcciones se les llama rumichaka (o puente de piedra).

Otro tipo de puentes era el que se fabricaba con troncos sólidos y pulimentados puestos sobre riachuelos o sobre columnas sucesivas. Por la naturaleza del material empleado, la durabilidad de estas construcciones era obviamente limitada, y por tanto era preciso renovarlos cada ciertos períodos.

Ilustración Puente colgante de Guamán Poma de AyalaPunte colgante Inca
Izquierda: Ilustración de Guamán Poma de Ayala / Derecha: Puente colgante Inca (Foto: Janie y Ric Finch)

Los que sobresalían por su grandeza o ingenio fueron los puentes colgantes, hechos de fibra tenzada, habiendo sido el que mayor fama tuvo el que pasaba sobre el río Apurimac, construido a una gran altura del río y que unía roquedales labrados, distantes 45 metros uno del otro. Los cables de este imponente puente se trenzaban sucesivamente hasta tener el grosor del torso de un hombre mediano; en el piso se amarraban maderos pulidos de cerca de 2 metros de longitud, los que luego se entretejían y ajustaban con sogas, de modo que tuvieran mayor consistencia. Las barandas también eran hechas de gruesas trenzas, de modo que los transeúntes iban protegidos de eventuales caídas, siempre posibles por los vaivenes del puente. Los estribos en que se apoyaba la construcción eran de piedra, sólidamente fabricada.

Existían, igualmente, los Uruyas o Huaros (ambos términos del runasimi), los cuales consistían en gruesos cables trenzados de los que se suspendía una especie de gran canasta en que iba el viajero, la cual era tirada de una orilla otra o viceversa.
Los puentes sobre pontones o puentes flotantes fueron utilizados fundamentalmente en ríos de corriente más o menos lenta y no rápida. Los flotadores generalmente se hacían de totora unida en la forma de grandes mazos atados los unos con los otros, de manera que la parte superior tuviera la forma de una vía por la que atravesaban personas y llamas. Este tipo de puentes asombró particularmente a los invasores hispanos porque nunca los habían visto similares en Europa.

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