Discurso en el Teatro Politeama

Teatro Politeama (1908) Palco Teatro Politeama (1908)
Fotos: Teatro Politeama (1908)  |  Fuente: Revista "Actualidades" 1908

Discurso en el Teatro Politeama

Extraído de Pájinas Libres, Manuel González Prada, 1888

“Señores:
Los viejos deben temblar ante los niños, porque la generación que se levanta es siempre acusadora y juez de la generación que desciende.  De aquí, de estos grupos alegres y bulliciosos, saldrá el pensador austero y taciturno; de aquí, el poeta que fulmine las estrofas de acero retemplado; de aquí, el historiador que marque la frente del culpable con un sello de indeleble ignominia.

El Perú fue cuerpo vivo, expuesto sobre el mármol de un anfiteatro, para sufrir las amputaciones de cirujanos que tenían ojos con cataratas seniles y manos con temblores de paralítico.  Vimos al abogado dirigir la hacienda pública, al médico emprender obras de ingeniería, al teólogo fantasear sobre política interior, el marino decretar en administración de justicia, al comerciante mandar cuerpos de ejército…

Con las muchedumbres libres aunque indisciplinadas de la Revolución, Francia marchó a la victoria; con los ejércitos de indios indisciplinados y en libertad, el Perú irá siempre a la derrota. Si del indio hicimos un siervo, ¿qué patria defenderá? Como el siervo de la Edad Media, sólo combatirá por el señor feudal.

Y, aunque sea duro y hasta cruel repetirlo aquí, no imaginéis, señores, que el espíritu de servidumbre sea peculiar sólo al indio de la puna:  también los mestizos de la costa recordamos tener en nuestra venas, sangre de los súbditos de Felipe II mezclada con sangre de los súbditos de Huayna – Cápac.  Nuestra columna vertebral tiende a inclinarse…

Por eso, en el momento supremo de la lucha, no fuimos contra el enemigo un coloso de bronce, sino una agrupación de limaduras de plomo; no una patria unida y fuete, sino una serie de individuos atraídos por el interés particular y repelidos entre sí por el espíritu de bandería.  Por eso cuando el más oscuro soldado del ejército invasor no tenía en sus labios más nombre que Chile, nosotros, desde el primer general hasta el último recluta, repetíamos el nombre de un caudillo: éramos siervos de la Edad Media que invocábamos al señor feudal”.

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