Características del Intermedio Tardio

Características del Intermedio Tardio

La declinación y caída del estado imperial Huari fue producto de sus propias contradicciones. Huari, en su conquista, no se limito a la obtención de los beneficios de la fuerza de trabajo, sino que al mismo tiempo  estimuló el desarrollo urbano local de sus “colonias”, algunas de ellas, como Pachacamac al sur de Lima, tan poderosos como la propia capital del imperio  en Ayacucho. 

Pachacamac en algún momento se convirtió en una potencia de gran  importancia en la costa, si no con connotaciones políticas, al menos religiosas, como ocurrió también en la época inkaica.

El crecimiento de las ciudades no es tanto un fenómeno físico cuanto económico y social; eso implica que la clase dominante dispone de grandes excelentes y tiene acceso a una crecida cantidad de trabajadores. En el curso de los siglos VI a X muchas ciudades locales se hicieron poderosos  y muy ponto debieron estar en condiciones de liberarse  del yugo Huari, a fin de establecer su propio señorío. Al mismo tiempo, en Ayacucho había ocurrido, al parecer, un fenómeno de acromegalia urbana, con una fuerte concertación de la gente en la producción de objetos y materias  primas y una suerte de abandono de la tarea agrícola. Durante el periodo Huarpa se había domesticado severamente Ayacucho, pero todos los campos habitados  muy costosamente por los huarpas fueron abandonados por los Waris, que obviamente tenían un fácil acceso a productos de origen colonial. Cuando cayó en un desierto; por eso algunos arqueólogos piensan que la insurgencia y declinación de Huari se debió a cambios en el clima.

Desde la caída de Huari hacia el siglo XI, se formaron pequeños reinos y señoríos a lo largo y ancho del Perú, comprendidos aún en una especie de remedo formal del viejo imperio. Los estilos artísticos y los patrones de vivienda revelan un carácter epigonal, es decir copiado, inauténtico de la cultura. Pero esto duro poco, pues un retorno a la independencia regional permitió la reevaluación de las  conquistas Huari y originó un retorno a las nacionalidades regionales, aunque es indispensable  reconocer que en ningún momento dichas nacionalidades dejaron de existir pese a la fuerte presión imperial  por adoptar los modelos ayacuchanos.

Los nuevos estados y curacazgos crecieron  de acuerdo a sus posibilidades económicas, pronto se hicieron màs poderosos aquellos que disponían de recursos màs vastos para el mantenimiento de ciudades y ejércitos mas grandes, por cierto, los grandes valles costeños y serranos fueron favorables  parea el crecimiento: los valles de Trujillo, de Lima e Ica, en la costa, y los del Vilcanota, el Mantaro, el Pampas, en la sierra. En torno al Titicaca  continuó la tradición Tiwanaku hasta bastante tarde, cuando se descompuso en varios pequeños estados  como los de Pacajes, Lupacas y Collas, de habla aymara. En Trujillo, donde antes estuvieron los Mochenses, se consolido el reino de chimù; en Lima  principalmente Chancay; en Ica el señorío de Chincha; en el Vilcanota el señorío del Cusco que luego dio origen al imperio de los inkas; en el Mantaro los Wankas en el Pampas los Chanchas.
Es la época de apogeo de las ciudades, tan notable que algunos arqueólogos sugirieron el nombre de “constructores de ciudades” para caracterizar la época. En los valles màs ricos se desarrollaron incluso màs de una ciudad. Ciudades de piedra y barro cubrieron los andes y la economía se hizo, en cierto modo, a partir de un modelo urbano, a modo que aun las pequeñas aldeas se vieron afectadas por el tráfico de beneficios claramente a favor de los “señores” de las ciudades.

Por cierto, el esquema no tiene nada de común con la imagen contemporánea de la ciudad, sus habitantes y sus “señores”. La base económica real se encuentra naturalmente en el campo y la población –son la que sirve en el centro urbano- es totalmente rural, con excepción de los “señores” y sus allegados màs próximos. Quienes viven en la ciudad son campesinos que han  sido traslados allá temporal o permanentemente para cumplir algunas funciones especificas de producción o servicio: construcción de edificios, artesanos especializados, soldados, sirvientes, etc. Además, la población urbana no era numéricamente tan grande, en ciudades físicamente gigantescas como Chan Chan, la capital del reino de chimù, donde podrían elogiarse quizá hasta 50,000 habitantes, probablemente éstos no llegaban siquiera al 10%. Es que la mayor parte de los recintos  eran oficinas, almacenes, salones, “audiencias”, patios y centros públicos similares -incluyendo  templos, tumbas y demás- y relativamente pocos servían como viviendas o dormitorios. Chan Chan està formado por una serien de “ciudadelas”, a modo de inmensos palacios cercados por murallas, en cuyo interior  hay un laberinto de cuartos patios, terrazas y aun montículos piramidales y reservorios de agua; plenamente  habitada cada “ciudadela” podría contener quizá mil habitantes, pero seguramente que en tales recintos apenas vivieron mas pocas de cenas de personas, primero, porque eran  oficinas y depósitos la mayor parte de los palacios  de un rey y cuando éste moría se transformaba el palacio en sus mausoleo, dedicado  a su culto y sin otra función màs. De modo pues que de aquellas ciudadelas sólo una funcionaba por vez; las demás eran inmensos recintos funerarios con graneros y otros depósitos, con funcionarios y allegados, todos al servicio del rey muerto.

El rey, muy alejado ya de la vieja imagen del curaca, era reconocido como un dios y los sabios de aquel tiempo contaban largas y enredosas  históricos sobre el origen de la familia real y su misteriosa presencia en el poder. Los señores de Lambayeque hacían contar la leyenda de que provenían de un héroe llamado Namlap que llegó a las tierras del norte  desde  un lugar ignoto jamás visto no oído, precedido por una corte señorial digna de los cuentos de la fantasía oriental; los chimùes costaban que procedían  del Señor llamado Taycanamu, de cuya larga y noble descendencias procedían los ci-quic que  gobernaban el reino; los inkas del Cusco decían que cuatro misteriosos hermanos, apellidos Ayar estaban en el origen de sus abolengo, cuyo fundador, hijo del dios Sol, había llegado al Cusco y establecido allí la ciudad por mandato de sus divino padre, dicho héroe Manko Qapaq era reconocido pues como el “primer inka”. Todos  estos héroes de leyenda deben haber surgido en el seno mismo de la invasión Huari, allá por los siglos X a XI, como una forma de sustentación del poder.

Por supuesto no todo eran reino poderosos, pues mientas uno asumían el control de varios valles, con ambientes de ecología variada, otros eran apenas algo màs que pequeños curacazgos, con el control de la población de un valle. Esto permitió la formación de fuertes desequilibrios en las relaciones entre estados y la formación de estado de conquista y de situaciones de pugna permanente. Estas situaciones de lucha han confundido a muchos historiadores haciendo pensar que se trataba de luchas o guerras interétnicas, de guerra entre pueblos, en realidad no es ese el caso, las guerras las coordinaban, decidían y definían los grupos  de poder mediante los grupos de poder mediante alianzas, acuerdos, negociaciones o enfrentamientos armados. Los guerreros del pueblo, de limitaban a participar en este juego en función de sus rol especifico dentro de la estructura de clases vigente. En la medida en que cada persona se debía a su rey, una parte de sus obligaciones era la  guerra, el servicio militar obligatorio. No lo hacían los campesinos de buen grado, mucho menos si no había identidad étnica con el opresor; existen muy buenas referencias acerca del rechazo de los trabajadores del campo para integrar tal servicio, lo que expresaba en huidas colectivas de la leva y otros sistemas de asimilación de recursos humanos para la guerra.

Entre le siglo XIII y XV los estados  regionales estaban plenamente constituidos, con algunos sumamente extensos como el chimù, que conquistado o asimilado a su dominio los pueblos  comprendidos entre Zarumilla, al norte de Tumbes, y el Chillón, al norte de la actual ciudad de Lima.
Existen  logros importantes en esta época en lo relativo  a  la producción. Los arqueólogos en general advierten un decaimientos fuerte de la individualidad y el detalle de las obras de arte. Indudablemente, los ceramios mochenses eran mejor elaborados que los chimùs y los wakas Nasca de una perfección no lograda en loa fase Ica. Los tejidos Paracas, con  su virtuosismo, jamás fueron igualadas. La perdida de esto se debió a la técnica màs perfeccionada, que  permitió reducir el costo de la mano de obra invertida en la producción artesanal, mediante procedimientos de confección de artefactos en serie: en la alfarería mediante el uso de moldes para todo tipo de ceramios; en la textilería mediante el uso de telas llanas decorados con simple aplicación de pintura o por sistemas textiles –como el tapiz- que logro bellos lienzos con menor tiempo y talento que el tratamiento por bordado.

La metalurgia entró a su fase de pleno apogeo, tanto en la técnica como en la función. Ya desde antes de la expansión Huari se conocían todas las técnicas  de trabajo en metal, pero en esta época se generalizaron y perfeccionaron. De metal, se hacían no solamente adornos y armas, sino también instrumentos de producción tales como cazadores para la agricultura, cuchillos (tunis), hachas, cinceles y punzones.

Los rasgos  màs distintos del intermedio tardío o segundo desarrollo regional fueron:
La economía fue básicamente agraria y controlada  desde los centros urbanos. Como actividades complementarias existieron la ganadería, las artesanías, el comercio y la pesca; predominando las especializaciones agropecuaria, artesanal mercantil y marina.

Desde la  perfectiva social siguieron  primando  las clases sociales: una clase dominante integrado por los señores o sacerdotes los jefes guerreros, los kuracas  y cortesanos; la clase dominada  donde estuvieron los campesinos, pastores, yanas, artesanos y pescadores.

Políticamente se construyeron poderosos estados  regionales. Emergieron muchas ciudades y reynos que sometieron a los poderes kuracales locales. Las guerras fueron planificadas por los gobernantes para tener màs tierra de cultiva, mano de obra y tributos.

La figura del monarca fue socializada en la medida que fueron considerados como dioses o hijos de los divinidades. Aparecieron  muchas leyendas que explicaban el origen “sobrenatural” de los reyes.
Rindieron culto a la luna, estrellas a la tierra y a los animales como el bacho y el zorro. Se dio mayor importancia al culto de los muertos, especialmente de los emperadores fallecidos convirtiendo sus tumbas, en huacos sagrados  y adorativos.

En los artesanos hubo un cierto decaimiento de la técnica ceramista pero se presentó un mayor desarrollo de la metalurgia – orfebrería para lo cual se recurrió a materias primas como el oro, plata, platino, estaño plomo y tumbago (orejeras, brazaletes, pectorales) etc.

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