Carta a los Españoles Americanos


Carta a los Españoles Americanos

Extracto de:“Carta a los españoles americanos”Juan Pablo Vizcardo y Guzmán.

Hermanos y compatriotas:

La inmediación al cuarto siglo del establecimiento de nuestros antepasados en el Nuevo Mundo es una ocurrencia sumamente notable para que deje de interesar nuestra atención. El descubrimiento de una parte tan grande de la Tierra es y será siempre, para el género humano, el acontecimiento más memorable de sus anales. Más para nosotros que somos sus habitantes y para nuestros descendientes, es un objeto de la más grande importancia. El Nuevo Mundo es nuestra patria, y su historia es la nuestra, y en ella es que debemos examinar nuestra situación presente, para determinarnos, por ella, a tomar el partido necesario a la conservación de nuestros derechos propios  y de nuestros sucesores...

Los intereses de nuestro país no siendo los nuestros, su buena o mal administración recae necesariamente sobre nosotros y es evidente que a nosotros sólo nos pertenece el derecho de ejercerla, y que solos podemos llenar sus funciones con ventajas recíprocas de la patria y de nosotros mismos...

En fin, bajo cualquier aspecto que sea mirada nuestra dependencia de la España, se verá que todos nuestros deberes nos obligan a terminarla. Debemos hacerlo por gratitud a nuestros mayores que nos prodigaron su sangre y sus sudores, para que el teatro de su gloria o de sus trabajos, se convirtiese en el de nuestra miserable esclavitud. Debémoslo a nosotros mismos por la obligación indispensable de conservar los derechos naturales, recibidos de nuestro Creador, derechos preciosos que no somos dueños de enajenar, y que no pueden sernos quitados sin justicia...El libre uso de esos derechos, es la herencia inestable que debemos dejar a la posteridad.

No hay ya pretexto para excusar nuestra apatía si sufrimos más largo tiempo las vejaciones; que nos destruyan; se dirá con razón que nuestra cobardía las merece. Nuestros descendientes nos llenarán de imprecaciones amargas, cuando mordiendo el freno de la esclavitud que habrá heredado, se acordaren del momento en que para ser libres no era menester sino quererlo. Ese momento ha llegado, acojámosle con todos los sentimientos de una preciosa gratitud y por pocos esfuerzos que hagamos, la sabia libertad, don precioso del cielo, acompañada de todas las virtudes, y seguida de la prosperidad, comenzará su reino en el Nuevo Mundo, y la tiranía será inmediatamente exterminada...

Plugiese a Dios que este día, el más dichoso que habrá amanecido jamás, no digo por la América, sino para el mundo entero, plugiese a Dios que llegue sin dilación. Cuando a los horrores de la opresión y de la crueldad suceda el reino de la razón, de la justicia, de la humanidad; cuando el temor, las angustias y los gemidos de diez y ocho millones de hombres hagan lugar a la confianza mutua, a la más franca satisfacción y al goce más puro de los beneficios del Creador...¡Cuántos huyendo de la opresión o de la miseria, vendrán a enriquecernos con su industria, con sus conocimientos y a reparar nuestra población debilitada! De esta manera, la América reunirá las extremidades de la Tierra, y de sus habitantes serán atados por el interés común de una sola Grande Familia de Hermanos.
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