Rebelión de Manco Inca

Rebelión de Manco Inca, dibujo de Felipe Guamán Poma 

EL LEVANTAMIENTO

Luego del ingreso de Pizarro y sus huestes al Cusco, éstos se enfrascaron en acciones de pillaje y saqueo de los tesoros más hermosos del Templo del Coricancha y de otros recintos. A eso se suma la salvaje actitud de opresión, maltrato y abusos que éstos aplicaron sobre las masas indígenas, el ultraje de las bellas acllas y ñustas cusqueñas, provocando estupor e indignación en el joven caudillo y en los más altos dirigentes religiosos y nobles quechuas, que a la postre desembocaría en el levantamiento de Manco Inca.


Es en ese momento que luego de conspirar con el Willac Umu (Sumo Sacerdote imperial), se urdió el plan de engañar a Almagro con el supuesto mito de la existencia de fabulosas riquezas en el extremo sur del Tawantinsuyo, vale decir en Chile. Almagro emprenderá una expedición hacia la conquista de Chile, que lo llevará al más estrepitoso fracaso. De esta manera Manco Inca lograba su propósito de alejar del Cusco a numerosos contingentes hispanos y de indios aliados de los españoles. Pero aun así, al seguir capturado y apresado por los hermanos Pizarro, Manco elabora la treta de la estatua de oro, asegurándole a Hernando Pizarro, que si le dejaba ir personalmente al valle de Yucay, éste le traería el famoso tesoro. Al ser enviado por Hernando Pizarro, Manco Inca aprovechará la situación para sublevarse desde Yucay y levantar a más de 10 mil quechuas, iniciándose con ello la más grande rebelión que pondrá en riesgo la política de colonización iniciada por España durante el siglo XVI.

La revolución de Manco Inca fue el resultado de un plan coherente, cuidadosamente estructurado, que tenía como objetivo destruir los dos centros de poder español en el Tawantinsuyo: Cusco y Lima. El frente de guerra contra el Cusco fue dirigido por el propio soberano, con la colaboración ya mencionada del Willac Umu, y el frente de guerra contra Lima fue  encomendado al general Quizu Yupanqui, que, de no haber sido por la traición de los Huancas  en el momento más crucial del asalto a la capital, otra hubiera sido la historia y probablemente el Imperio incaico se habría restaurado nuevamente.

OFENSIVA DE MANCO INCA

Con la ayuda del Willac Umu, Manco inca al mando de más de 20 mil quechuas, venció a los españoles en la batalla de Yucay, obligando a 200 españoles  de refugiarse en Suntur  Huasi, actual iglesia del Triunfo al mando de Juan, Hernando y Gonzalo Pizarro. Luego las fuerzas de Manco Inca tomaron posesión de la Fortaleza de Sacsayhuamán, pero cometieron el error de sitiar por diez meses el Cusco, cuando lo más conveniente habría sido aniquilar a los españoles en un asalto fulminante. Desde Lima, Pizarro envió cinco ejércitos para sofocar la rebelión cuzqueña, sin embargo, la gran capacidad del general quechua Quizu Yupanqui acabó con éstos en victoriosas batallas en la sierra central, desde donde venía en marcha incontenible hacia la recientemente fundada ciudad de Lima.

En el Cusco, la situación militar era tan desesperada que los españoles recurrieron a una estratagema, que a la postre sería su salvación. Simulando una retirada general tomaron el camino del Chinchaysuyo, y cuando los quechuas tomaron sus emplazamientos para perseguirlos, los contraatacaron con su caballería y artillería causando gran mortandad. En medio de la confusión los sobrevivientes se refugiaron en la fortaleza de Sacsayhuamán. El ataque español contra la fortaleza no se hizo esperar. Hernando Pizarro ordenó tomar la célebre fortaleza. Tres días con sus noches tomo tan amarga misión, hasta que los hispanos lograron su objetivo. Incontables fueron las pérdidas humanas, tanto de nativos como de españoles. Merece recordarse  por su valor indómito y entereza moral a un orejón quechua que prefirió arrojarse al vacío antes que sufrir la humillación de la derrota. La posteridad lo recuerda con el nombre de CAHUIDE, aunque su verdadero nombre es Titu Cusi Huallpa. Asimismo, entre la veintena de caídos españoles estaba Juan Pizarro, hermano del conquistador.

EL ATAQUE A LIMA

Simultáneamente al asedio del Cusco por Manco Inca ocurrió el asalto a Lima, a manos de las tropas quechuas dirigidas por el brillante general cuzqueño Quizu Yupanqui. Este, en su marcha hacia Lima derrotó a las expediciones enviadas por Pizarro para reforzar la ciudad imperial que estaba en peligro por el cerco de Manco Inca y de este modo ayudar a sus hermanos que estaban en peligro extremo. En el valle del Mantaro, Quizu Yupanqui reclutó a miles de Huancas, quienes en contra de su voluntad fueron enrolados en el ejército quechua. De allí Quizu Yupanqui y aproximadamente 25 mil quechuas marcharon incontenibles hacia Lima y bajando por la quebrada del Rímac derrotaron a un destacamento español en la batalla de Ate Vitarte. Ya en Lima, las tropas quechuas se asentaron en las faldas del Cerro San Cristóbal, al norte de la ciudad, en tanto que tropas que descendían por las quebradas del Chillón y Cieneguilla quedaron acantonadas en la desembocadura de estas quebradas, sin que hasta hoy se pueda aventurar una hipótesis de la razón por la que no entraron en combate.

El enfrentamiento era inminente, el asalto a la recientemente fundada capital era cuestión de tiempo. Pizarro era consciente de ello y todo parecía indicar que el final se acercaba, por ello decidió adoptar las medidas más oportunas para la defensa de la capital. Atrincheró por la noche a sus tropas en dos grandes galpones ubicados estratégicamente en las cercanías de la plaza de armas. Al amanecer al día siguiente Quizu Yupanqui y su ejército vadearon el río en medio de un gran vocerío, e ingresaron a la ciudad, y sin resistencia llegaron a la plaza principal. En esos momentos se desató el ataque español por sorpresa, la artillería, la caballería ligera y la infantería desataron la carnicería. El pánico y la confusión se apoderaron de los atacantes. Cuando el combate arreciaba en su momento de mayor fiereza, se dice que Quizu Yupanqui ordenó el ingreso del contingente Huanca para atacar por el sur a los hispanos, pero estos defeccionaron cobardemente y jamás ingresaron en apoyo de los quechuas, de lo contrario los españoles habrían sido aniquilados completamente. La actitud de los huancas es explicable por las irreconciliables rivalidades que esta nación tuvo con los incas desde antes de la conquista. Es en estas circunstancias que Quizu Yupanqui es atravezado mortalmente por una lanza del jinete español Pedro Martín de Sicilia. Al ver muerto a su caudillo, los atacantes emprendieron la retirada, acampando algunos días al otro lado del río, pero luego desaparecieron repentinamente al no tener un jefe que los dirigiese.

Libre de acechanzas, Pizarro decidió enviar una expedición de 500 hombres hacia el Cusco en socorro de los españoles cercados. En noviembre de 1536 se pusieron en camino bajo la dirección de Alonso de Alvarado que pacificó con crueldad el centro y sur del Perú.

FASE DEFENSIVA: REPLIEGUE Y RETIRADA

Conocedor de la nueva realidad, Manco Inca tomó la decisión de replegarse estratégicamente hacia Ollantaytambo, para luego, -al observar la recuperación de posiciones de sus enemigos, específicamente de los almagristas que por aquella época acababan de derrotar a los ejércitos de Pizarro, en el marco de la Guerra Civil suscitada entre ambos conquistadores-, terminar por retirarse a las agrestes e inhóspitas selvas de Vicabamba, lugar desde donde organizará una verdadera guerra de guerrillas contra el invasor, conflicto que abarcará una vastísima área geográfica a lo largo de 1500 kilómetros, desde Huanuco hasta el Collao, y que solo se apagará a causa de la vil traición, cuando el año 1544, Diego Méndez, uno de los refugiados almagristas -que habían escapado de las represalias que sobre ellos pesaba luego de la batalla de Chupas- dio muerte al caudillo Inca apuñalándolo en su reducto de Vilcabamba. Al ser capturados, estos almagristas morirán espantosamente al ser quemados vivos.

De esta manera, con la muerte de Manco se terminaba un capítulo en esta larga y gloriosa lucha de resistencia ante el invasor hispano, pero pronto, no habría de pasar mucho tiempo para que los himnos de guerra volviesen a oírse en el destrozado imperio de los Incas, está vez bajo la conducción y el liderazgo de los hijos de Manco Inca, los célebres INCAS DE VILCABAMBA.

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