Hermanos Angulo
Los hermanos José, Vicente y Mariano Angulo, líderes de la revolución del Cuzco de 1814. 
Fuente: Centro de Estudios Históricos Militares del Perú (CEHMP), Lima, Perú

Rebelión de los Hermanos Angulo

ed virrey (...) si (...) según es vuestra fe pública, os ponéis en la triste situación de tratarnos como enemigos, entonces experimentaréis nuestro justo rigor, vos y vuestros cómplices. Si, despachad tropas al pasto de nuestra venganza, nosotros os avisamos que no pasarán de cuatro mil fogueados valientes militares (...), que contrarrestarán con diez mil que vengan.

   Contestación de José Angulo al virrey José Fernando de Abascal y Sousa.

Los Hermanos Angulo

José, Mariano y Vicente, Eran cusqueños, hijos del matrimonio de Francisco Angulo con Melchora Torres, considerados precursores de la independencia, y  gestores de la revolución del 3 de agosto de 1814 en el Cuzco. 

Producido el levantamiento  en cuzco, José Angulo fue nombrado Capitán General de las Armas de la Patria y formó una junta de 3 individuos elegidos mediante elección que reuniesen las atribuciones de jefe político, estos fueron: 

El Brigadier Mateo Pumacahua, el Coronel don Domingo Luis Astete y el teniente Coronel don Juan Tomás Moscoso, constituyendo el 5 de agosto el triunvirato del gobierno del Cuzco.

José Angulo Dividió sus fuerzas en tres expediciones militares para extender la revolución en todo el Perú:

La primera, al mando del coronel Juan Manuel Pinelo y el sacerdote Ildefonso de las Muñecas, que marchó hacia Puno y La Paz.
La segunda, comandada por Manuel Hurtado de Mendoza y el sacerdote José Gabriel Béjar, que se dirigió hacia Huamanga.
La tercera, dirigida por el brigadier Pumacahua y Vicente Angulo, la cual marchó hacia Arequipa.

Campaña de Puno:

Esta expedición fue encomendada al cura paceño Ildefonso Muñecas, y, a León Pinelo; tenía la finalidad de cortar las comunicaciones de Pezuela con la capital del Virreinato. El 26 de agosto tomaron Puno sin resistencia, y luego la ciudad de La Paz. 

Donde enterados que llegaban los refuerzos a los realistas comandados por Ramírez, se enfrentan y son derrotados replegándose. 

Campaña de Huamanga:

Esta segunda expedición salió a Huamanga bajo el mando del cura cuzqueño Laurencio Béjar, con el título de brigadier, secundados por Marino Angulo, el capitán argentino Hurtado de Mendoza, el Auditor de Guerra Juan Pinto, los comisarios Francisco Valdivieso y Leonardo Bornas, atravesaron la Pampa sin resistencia alguna. Después de varias escaramuzas en Huanta ocupan el 20 de setiembre la ciudad de Huamanga, interceptando las comunicaciones de la capital con las fuerzas del Alto Perú y amenazando Tarma, Jauja y Huancayo.

Esta noticia llegó a la capital de Lima y el virrey encomendó la represión al Teniente Coronel Vicente González. La batalla se lleva a cabo el 30 de setiembre de 1814 en las alturas de Huanta y después en Huamanguilla, donde los patriotas son derrotados inicialmente. Luego en Huanta, Huamanga, Matara y en el lugar denominado Castillo del Inca, se libró la fase definitiva de la batalla, siendo derrotados definitivamente los patriotas. El expedicionario de Abancay, Pedro Paz, habiéndose rendido, es prisionero en Huamanga, sufriendo la suerte de Mariano Angulo que es capturado en Talavera, y de Béjar en Zurite finalmente fueron ejecutados en el Cuzco el 29 de mayo de 1815. 

Campaña de Arequipa:

Esta expedición a cargo de Pumacahua y Vicente Angulo se dirigen a Arequipa y el 9 de noviembre ambos ejércitos se encuentran en Apacheta, donde la derrota de los realistas fue eminente. 

Sabedoras de la derrota de Pinelo y Muñecas en los altos de la Paz, y la marcha de Ramírez sobre Arequipa deciden Pumacahua y Vicente Angulo abandonar Arequipa replegándose hacia Apo. 

El 9 de diciembre de 1814 hace su ingreso Ramírez a Arequipa y emprende la persecución de los insurgentes. El 12 de marzo de 1815 se enfrentan en Humachiri donde los patriotas son derrotados. 

José Angulo, Béjar y otros fueron capturados en Zurite, a 8 leguas del Cuzco el 23 de mayo de 1815 y Vicente Angulo y Pumacahua en Humachiri. Los tres hermanos remitidos al Cuzco fueron ejecutados el 29 de mayo de 1815.

Golpe de Piérola a Prado
Pobladores de Lima, dando vivas al gobernante de turno. Esta vez festejando el golpe de Piérola a Prado. 
Grabado publicado en la prensa británica el 31 de enero de 1880.

El Golpe de Piérola
Por: Luis Guzmán Palomino

El 21 de diciembre de 1879, estalló en Lima el golpe de estado acaudillado por Nicolás de Piérola, con enfrentamientos entre unidades del ejército en la Plaza de la Exposición y varias calles de la capital. Inició ese movimiento el coronel Pablo Arguedas, jefe del batallón "Artesanos de Ica", quien proclamó a Piérola como jefe supremo de la república, precisamente cuando el país atravesaba por sus más aciagos días y cuando era de imprescindible necesidad forjar la unidad nacional para hacer frente a la invasión extranjera.

Chile era ya dueño absoluto del mar, y en el frente sur, tras la pírrica victoria de Tarapacá, el ejército había emprendido una desastrosa retirada. El presidente Prado había hecho abandono del país, so pretexto de agilizar en el extranjero la adquisición de armas, condenable decisión cuya secuela inmediata fue el golpe de Piérola, quien colmó así su máxima obsesión, la ambición de toda su vida, pues la única disyuntiva para este nefasto personaje fue siempre: "la locura o el poder". 

Como jefe de sucesivas y fallidas rebeliones, había anarquizado el país durante varios años, casi siempre movido por Chile, cuya clase dominante siempre le dio cobijo. Y en 1879 aprovechando la vergonzosa fuga de Prado alcanzó su soñado objetivo, para provecho de quienes siempre lo asilaron haciendo de él un instrumento de sus intereses.

Si antes como ministro de hacienda del corrupto Balta perpetró el escandaloso negociado con Dreyfus, donde deben buscarse algunos factores de la bancarrota que precedió a la guerra, ahora en el poder Piérola terminaría liderando el entreguismo y la traición, gestando calculadamente lo que tendría como trágico epílogo el tratado de Ancón. Ello sin embargo, para sus apologistas Piérola aparece oficialmente encumbrado como figura señera de la peruanidad e incluso los más notorios historiadores mediáticos de nuestro días lo presentan como adalid de la resistencia patriota, en el más repudiable de los absurdos. 

Desde Guayaquil y a bordo del vapor "Paita", rumbo a Europa, el depuesto Prado envió comunicaciones a los generales Buendía y Daza el 22 de diciembre, tratando de justificar su intempestiva salida del país. Desconocía aún el golpe de Piérola, quien a esas horas, aunque con el respaldo de varias unidades del ejército, no había podido convencer a todos los mandos de la escuadra. Pese a la renuncia de los ministros de Prado, verificada ese mismo día, Piérola no se atrevió a ocupar palacio de gobierno, y desde un lugar del Callao empezó a dictar disposiciones de gobierno, figurando entre las primeras el desconocimiento del contraalmirante Antonio de la Haza como comandante general de la marina y su reemplazo por el capitán Manuel Villar. 

Por la noche, el golpista hizo pública una “Proclama al Pueblo y al Ejército”, documento que fue la máxima expresión de la demagogia, pues lo terminó con esta solemne mentira: 

"PARA NOSOTROS NO HAY NI PUEDE HABER SINO UNA SOLA ASPIRACIÓN: EL TRIUNFO RÁPIDO Y COMPLETO SOBRE EL ENEMIGO EXTRANJERO. PARA ESTA OBRA NO HAY SINO HERMANOS SIN MEMORIA SIQUIERA DE PASADAS DIVISIONES Y ESTRECHADOS POR EL VÍNCULO INDISOLUBLE DEL AMOR AL PERÚ". 

Bien sabemos que el caudillo golpista nada hizo por revertir la desgraciada suerte del Perú, y que por el contrario dedicó todos sus afanes a anarquizarlo, dando así adecuado cauce al entreguismo.
En la mañana del 23 de diciembre de 1879, el Ejército de Reserva se plegaba al movimiento insurreccional del señor "coronel" Nicolás de Piérola. Sí, "coronel", porque en aquellos años todo potentado, por ejemplo un hacendado, se convertía automáticamente en "coronel", aunque no tuviese la más mínima noción del arte militar. Piérola fue un fanático de los uniformes; por eso se llamó "coronel" y luego "general" gustando de dirigir maniobras militares vestido con uniforme prusiano. Sin embargo, sus acólitos (entre ellos dos recientes presidentes de la república) lo reverencian como caudillo de la civilidad.

Toda la Lima oficial, ayer partidaria de Prado, acató ahora al golpista. El alcalde y el obispo le enviaron emisarios dándole la bienvenida. Y el acta firmada por los "notables" (léase señorones) de la capital no pudo ser más rastacuera: "LA CONFIANZA QUE EL SEÑOR DON NICOLÁS DE PIÉROLA -decía el documento- INSPIRA A LOS PUEBLOS POR SU PROBADO PATRIOTISMO E ILUSTRACIÓN... GARANTIZA LA BUENA DIRECCIÓN DE LA COSA PÚBLICA Y EL HONROSO DESENLACE DE LA GUERRA".

Al final de cuentas, esa Junta de "Notables" apadrinó oficialmente el golpe, resolviendo: "Elevar a la suprema magistratura de la nación, con facultades omnímodas, al ciudadano doctor don Nicolás de Piérola". Por fin entonces se decidió Piérola a salir del Callao, y a las siete de la noche del 23 de diciembre entró en el palacio de gobierno como nuevo mandamás de la anarquizada república.

Lo primero que hizo fue emprender una "reorganización" de todo, a su manera. Así, desaparecieron los ministerios y se crearon siete secretarías de estado, encumbrándose en la de guerra al prominente latifundista de Cajamarca Miguel Iglesias, otro "coronel" tan sabio en lo castrense como Piérola y tanto o más claudicante que él.

Esa infame pareja empezó entonces su bien calculada obra de desgraciar al ejército, nombrando nuevos jefes entre sus partidarios. Para que cada amigo lograse un buen puesto, se crearon cuatro ejércitos de línea: el del sur fue absurdamente dividido en dos, a los que se sumó uno del centro y el otro del norte. Y la reserva también se dividió en dos, una movilizable y otra sedentaria.

Bien sabemos a qué condujo tal "reorganización": los desastres del Sur y de Lima, y la claudicación de Ancón, iban a ser los frutos del fatídico golpe pierolista.

Óleo titulado La respuesta, autor: Juan Lepiani (1894)
Óleo titulado La respuesta, en el se representa al coronel Francisco Bolognesi, junto a su estado mayor, respondiendo negativamente a la oferta de rendición del parlamentario chileno Juan de la Cruz Salvo. | Autor: Juan Lepiani (1894).

5 de junio: El día de la respuesta

¡QUEMAREMOS EL ÚLTIMO CARTUCHO!”
Remembranza de Luis Guzmán Palomino

Hubo una época en la historia del Perú en la cual los fastos patrióticos se conmemoraban, los héroes, precursores y próceres eran respetados y el conocimiento de la historia apasionaba, al punto que los medios de comunicación masiva dedicaban importantes espacios a las efemérides nacionales. 

En aquella lejana época, que terminó abruptamente en la década de los ochenta del siglo pasado, cada 5 de junio era honrado como el Día de la Respuesta, en recuerdo de las palabras pronunciadas ante el emisario enemigo por Francisco Bolognesi, jefe de la sitiada plaza de Arica, destinada a ser escenario de la cruenta inmolación de héroes esclarecidos. 

Recordamos con nostalgia esa época en que los medios de comunicación masiva, además de informar con pulcritud, trasmitían cultura e identidad, algo que ha desaparecido, pues hoy tienen como único objetivo infestar a la sociedad de basura para consumo masivo (TV, radio, periódicos). 

¿Perdurará por siempre esta época de oscurantismo, o llegará a su final en un futuro cercano? Lo ignoramos, aunque podríamos repetir con el filósofo: "Nunca la noche está más oscura como justo antes del amanecer". Así esperanzado, e ilusionado, rememoro el hecho histórico: 

En la mañana del 5 de junio de 1880, el campamento patriota de Arica fue sorprendido por un toque de corneta enemigo que anunciaba parlamento. En efecto, nuestras avanzadas comprobaron la presencia de un grupo de chilenos, cuyo jefe el mayor Juan de la Cruz Salvo, solicitó audiencia del coronel Bolognesi para comunicarle una proposición del general Baquedano. El parlamentario fue tratado cortésmente y luego de ser vendado fue conducido a presencia del jefe patriota.

Los pormenores de esa reunión fueron narrados verídicamente por el historiador chileno Vicuña Mackenna, quien recogió el testimonio del propio Salvo. Se exigió la rendición de la plaza, ofreciendo amplias garantías a sus defensores. Bolognesi reunió entonces a todo su estado mayor y jefes de batallones para adoptar un acuerdo; y éste, unánime, fue el de resistir hasta el sacrificio. Tras ello Salvo regresaría a sus filas, no sin antes repetir que la desgracia de Arica estaba sellada.

Orgulloso sin duda de sus camaradas, Bolognesi transmitió de inmediato telegrama al prefecto de Arequipa, comunicándole la inmortal respuesta: 

“ARICA, 5 DE JUNIO, 9 HORAS. PREFECTO AREQUIPA: PARLAMENTARIO IMPONE RENDICIÓN. CONTESTACIÓN, PREVIO ACUERDO JEFES: QUEMAREMOS EL ÚLTIMO CARTUCHO. BOLOGNESI”.

La reacción del comando chileno fue de desatar de inmediato el cañoneo de la plaza.

Aprovechando un momento de tregua, pletórico de patriotismo, poco después del mediodía Bolognesi pasaba otro telegrama a Arequipa, para que no quedara duda alguna sobre la determinación de ese puñado de valientes que con él se disponían a morir por salvar el honor nacional: 

“ARICA, 5 DE JUNIO. PREFECTO AREQUIPA: SUSPENDIDO POR ENEMIGO CAÑONEO. PARLAMENTARIO DIJO: GENERAL BAQUEDANO POR DEFERENCIA ESPECIAL A LA ENÉRGICA ACTITUD DE LA PLAZA, DESEA EVITAR DERRAMAMIENTO DE SANGRE. CONTESTÉ SEGÚN ACUERDO DE JEFES: MI ÚLTIMA PALABRA ES QUEMAR EL ÚLTIMO CARTUCHO. ¡VIVA EL PERÚ!. BOLOGNESI”.

Pintura de Juan Bravo sobre la "Historia de Qosqo"
Incas y españoles luchando durante la conquista
Pintura de Juan Bravo sobre la "Historia de Qosqo" para la municipalidad de Cusco

La Quíntuple Transformación Realizada por la Conquista

Por: Víctor Andrés Belaúnde

Prescindiendo de todo criterio estimativo respecto de la conquista y ateniéndonos únicamente a los hechos cuantitativamente apreciables, podemos afirmar que supuso una profunda transformación biológica y económica, una nueva estructura social y un trascendental cambio religioso. Esa transformación ha originado la verdadera peruanidad. No puede verse ésta simplemente a través de la raza primitiva. La peruanidad nace de la conjunción de las dos razas que no sólo se yuxtapusieron sino que comenzaron a fusionarse y sobre todo por la cultura cristiana que crea el alma del nuevo pueblo.

Ya lo decía Bartolomé Herrera con admirable precisión y elocuencia: “Basta tener ojos para saber que el Perú de ahora no es de los Incas. Las razas que España trajo a habitar en este suelo han formado con la indígena un pueblo nuevo enteramente”. Es indispensable, recordar éstos hechos y sobretodo sus cristalizaciones numéricas y gráficas para que resalte la obra injustificada de los que, por prejuicios teóricos quieren mutilar la peruanidad prescindiendo de los elementos hispánicos definitivamente incorporados a nuestra personalidad  nacional.

La Quíntuple Transformación:

La transformación biológica que se refleja en el mestizaje.
La transformación económica en los nuevos cultivos y en la vocación minera del Perú.
La transformación estructural reflejada en una nueva organización política.
La transformación cultural en el arraigo de la lengua hispánica y de la cultura latina, y
La transformación religiosa en nuestra adhesión al catolicismo.

Machu Picchu en 1912 | Foto: Hiram Bingham III

El Valor de lo Andino

“En general la alta cultura andina, desde sus orígenes muchos miles de años antes de Jesucristo tiene una importancia sumamente notable en la historia universal. De ahí la existencia de museos, institutos y cátedras en múltiples ciudades y universidades de los países europeos y  norteamericanos, donde los arqueólogos, etnohistoriadores, historiadores y antropólogos están dedicados a examinarla y explicarla. Es una tarea en la que, felizmente, estudiosos de varias disciplinas comprometidos con el Perú, concurren con sus esfuerzos e iniciativas. En el Perú, desde hace más de un siglo  en los centros de instrucción de todos los niveles, su enseñanza está garantizada como parte integrante de los planes de estudio de las ciencias sociales. Con todo, es en las últimas décadas cuando nuestros conocimientos se han enriquecido gracias a las investigaciones arqueológicas y hallazgos de nuevas fuentes documentales de los siglos XVI y XVII. Hechos que se han traducido directamente en una intensa admiración por el pasado andino, alimentando el espíritu nacionalista de los peruanos, preocupados hoy por definir nuestra identidad. 

El recuerdo de un pretérito como el del Perú incentiva el empeño para la conquista del futuro, aunque su evocación suene con distinta tonalidad en el corazón de cada peruano para luchar por la supervivencia de la patria. Constituye un pasado con grandeza que pocos países pueden emular. Lo que mantiene el rescoldo y el ánimo es la supervivencia de obras maestras de arquitectura, cerámica, industria textil y metalistería que siguen fascinando al mundo.

Es cierto, que la civilización andina (de Chavín a los incas) no logró utilizar el hierro, ni inventar la rueda, lo segundo por la sencilla razón de haber carecido de animales de tiro. Tampoco llegó a conocer la escritura, al menos como nosotros la entendemos (alfabética). Y sin embargo fue capaz, durante los incas, de construir un imperio tan extenso como el Romano de Occidente; un orden social admirable para su época;  una cultura cuyas esencias no han podido ser socavadas; una tecnología con la que pudo edificar la maravilla de Machupicchu; de convertir las tierras eriazas en fértiles parcelas mediante los ingeniosos andenes desde las bases a los pináculos de los cerros que todavía hoy continúan produciendo. Pese a todo, pues, edificaron la civilización más grandiosa de la América meridional.

Hacia el sur del área nuclear andina (o, dicho de otro modo, de lo que abarcó el Tahuantinsuyo) no se encuentra nada que la historia de la civilización deba rememorar. Hacia el norte es preciso trasladarse miles de kilómetros para hallar en los aztecas algo equiparable. Estos y los runas andinos fueron los más grandes de la América precolombina. Fuera de ellos, sólo tribus dispersas, insignificantes y de cultura rudimentaria, salvo dos focos interesantes: los mayasquichés (Yucatán) y los chibchas (sierra central de Colombia), medio perdidos en la historia, ensombrecidos por aquellos dos gigantes: andinos y aztecas.

El proceso cultural en el Perú es, pues, milenario. Se trata del devenir de pueblos y sociedades cada vez más perfectibles hasta coronar con la civilización Inca: sumum de todas las conquistas científicas, tecnológicas, artísticas, políticas y morales inventadas, creadas y descubiertas desde muchos milenios antes que ellos. Una herencia cultural que supo mantenerla y perfeccionarla para el bienestar de las masas humanas que habitaban su territorio. La andina, reputada hoy entre las más eximias civilizaciones del mundo, personaliza y simboliza a la antigua América meridional, como la azteca lo es para la septentrional; o la  griega y romana para el Viejo Mundo.

Una de las inolvidables virtudes de los runas fue el de haber estado entrañablemente vinculados a la tierra, sintiéndose en todo instante hijos de ella. Causa por la cual la tenían divinizada, llamándola con cariño Pachamama (madre tierra). He aquí porqué estaban identificados con el campo y con el ayllu (comunidad). Una agrupación familiar y agraria robustecida con lazos religiosos y dotada de un brioso poder para el trabajo solidario en bien de la integridad de la familia extensa. Hombre y naturaleza se entendían y comprendían muy bien.

Los grandes éxitos de los incas y en general de la totalidad de las etnias andinas fueron consecuencia de su férreo pragmatismo. Ese derroche de sentido realista hacía del Tahuantinsuyo un pueblo sin mayores dificultades para gobernarse a sí mismo. Constituía una población enteramente práctica. Y fue de aquella unión, del impulso que da la pasión con la frialdad que exige la praxis, lo que hizo la grandeza del mundo andino. Ahí descansan los verdaderos móviles del porqué fue un país sin crisis económicas, ni sociales, ni religiosas; aunque sí con frecuentes perturbaciones políticas provocadas por los nobles cuzqueños que se disputaban unas veces el gobierno y otras el poder.”

Texto Referencial: Waldemar Espinoza. La Civilización Inca. 1995.

Dibujo que representa el encuentro de Atahualpa con Francisco Pizarro y el padre Vicente de Valverde
en Cajamarca en 1532 Autor: Guamán Poma de Ayala, Inicios del siglo XVII

Captura del Inca

Acontecimientos previos

Ayuno Religioso
Atahualpa cumplía ayuno religioso en Cajamarca, mientras sus generales combatían victoriosamente contra Huáscar. 

Error de Atahualpa
Con displicencia el príncipe Atahualpa no tomó en cuenta a ese grupo de aventureros conquistadores, crueles y mal vestidos que llegaron a Cajamarca en noviembre de 1532.

Atahualpa cometió el error imperdonable de despreciar al enemigo. Pudo haber aprisionado a los españoles en algún punto de su viaje desde la costa hacia la sierra. Pudo también no haber aceptado la invitación de Pizarro.

Atahualpa en la plaza de Cajamarca
El 16 de noviembre de 1532 el inca salió de su campamento cerca de los baños y cargado en sus andas de oro entró orgullosamente en la plaza de Cajamarca. Detrás suyo iba el señor de Chincha también en andas (lo que era un honor excepcional) dicen que los acompañantes de Atahualpa no tenían armas. Otros aseguran que las llevaban ocultas.

Cajamarca 16 de Noviembre de 1532: Un Sábado Fatídico

Fray Vicente Valverde y el requerimiento
La tarde del 16 de Noviembre de 1532, Atahualpa, confiado en el número de sus tropas (unos 20 000 indígenas) ingresó en la plaza de armas de Cajamarca, donde le salió al encuentro Fray Vicente Valverde para comunicarle el requerimiento por intermedio del intérprete Felipillo.

 Pretexto para iniciar el ataque
Atahualpa no entendió la petición de Fray Vicente Valverde, quien le solicitaba convertirse en vasallo del rey de España y aceptara el cristianismo. Por ello extrañado arrojó la Biblia que el religioso traía en la mano, ése fue el pretexto para iniciar el ataque.

Captura del Inca
El factor sorpresa de los conquistadores españoles comandados por Francisco Pizarro fue contundente, lo que determinó el pánico del séquito indígena, que capturado el inca, percibió el interés de los españoles por los metales precioso y ofreció un cuarto lleno de oro y dos de plata a cambio de su libertad, el rescate fue aceptado por los conquistadores, pero no liberaron al inca.

Muerte del Inca Atahualpa
En julio de 1533 tras ser bautizado voluntariamente el inca Atahualpa fue ajusticiado con la pena del garrote o asfixia bajo los cargos de idolatría, incesto, poligamia, fratricidio y traición a España.

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La captura del Inca Atahualpa en Cajamarca
La captura del Inca Atahualpa en Cajamarca
Autor Juan B. Lepiani, pintor peruano (1864-1932)

Atahualpa

Por: Juan José Vega

Según los primeros españoles que vieron, era bien dispuesto, el rostro grande, hermoso y feroz, los ojos encarnizados en sangre. Era hombre de inteligencia excepcional. Aprendió el idioma español en sólo 20 días y en tiempo parecido el juego de ajedrez de sólo mirar como lo hacían los españoles.

Era soberbio, no escupía en la tierra sino en las manos de las mujeres y se lavaba en una fuente de oro puro. Cuando caminaba iban delante suyo 4 500 indios limpiando los caminos.

Igual orgullo demostró frente a los españoles, no aceptaba lisonjas y cuando Francisco Pizarro lo elogió, el Inca respondió con desdén: “Soy tal cual mi madre me hizo”. Actuaba como un príncipe y dejaba sentir su desprecio contra los españoles que no eran nobles. Decía que el único entre los españoles que parecía señor era Hernando Pizarro de quien fue amigo. A Francisco Pizarro lo sometió a una prueba: cuentan que el Inca hizo escribir en su uña la palabra Dios y luego pidió a Pizarro que la leyera. Pizarro no pudo hacerlo. Comprendió el Inca que era analfabeto y desde entonces lo tuvo a menos.

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La noche anterior a la captura de Atahualpa

Por: Pedro Pizarro (Testigo presencial)

“Pues, estando toda la noche, como tengo dicho, los españoles en velo, con harto temor por la mucha gente que el indio tenía, como Soto y los que con él fueron, dijeron haber visto, y no estar experimentados los españoles cómo estos indios peleaban, ni qué ánimo tenían, porque hasta aquí no habían peleado con indios de guerra, sino había sido en Tumbes y en la Puná con unos pocos, que no llegaban a seiscientos. Pues, después de amanecido, el Marqués don Francisco Pizarro ordenó a su gente, partiendo en dos partes los de a caballo, dando la una a Hernando Pizarro y la otra a Hernando de Soto y así mismo partió a la gente de a pie en dos partes, tomando él la una y dando a su hermano Juan Pizarro la otra. Mandó, asimismo, a Pedro de Candia con dos o tres soldados de a pie y con trompetas se subiesen a una fortaleza que está en la plaza de Caxamarca, y allí estuviesen con un falconete pequeño que el campo traía y que haciéndoles una señal desde el galpón, que se le haría cuando todos los indios hubiesen entrado en la plaza, y Atahualpa con ellos, y en estando dentro se haría la señal, y haciéndosela soltase el tiro y tocasen las trompetas, y tocadas saldrían los de a caballo de tropel de un galpón grande donde todos estaban metidos, donde bien cabían mucho más que fueren. El galpón tenía muchas puertas, todas a la plaza, grandes que podían muy bien salir a caballo los que dentro estaban. Asimismo galpón, a una parte para salir tras los de a caballo. Así todos estaban dentro de este galpón, que ninguno faltaba; ni salían a la plaza, porque no viesen de tropel. Todos echaron a sus caballos pretales de cascabeles para poner espanto a los indios. Pues estando así los españoles, fue la nueva a Atobaliba de indios que tenía espiando, que los españoles estaban todos metidos en un galpón, llenos de miedo, y que ninguno parecía por la plaza; y a la verdad el indio la decía, porque yo oí a muchos españoles que sin sentirlo se orinaban de puro miedo”.

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Pintura de José Fernando de Abascal
Pintura de José Fernando de Abascal, Marqués de la Concordia y 
Virrey del Perú (1743-1821). Autor: Pedro Díaz

Abascal contra las Juntas de Gobierno en América

Las Juntas de gobierno en América

Las Juntas en América se formaron apenas se conocieron las renuncias de los monarcas españoles Carlos IV y su hijo Fernando VII ante el invasor francés Napoleón Bonaparte. Así se dio un rechazo a las autoridades francesas y se formaran las juntas de gobierno en América Hispana. Sin embargo, estas primeras juntas formadas entre 1808 y 1810 fueron en su mayoría efímeras.

Desde Caracas hasta Buenos Aires se formaron juntas que desconocieron al nuevo gobierno provisional establecido en la península. En cambio, en la porción de América más densamente poblada – Nueva España, América Central y Perú- se reconoció la autoridad española. La existencia de esta América leal no implicó la ausencia de movimientos insurgentes, pero dichos movimientos fueron derrotados sucesivamente, y triunfó de forma momentánea la postura favorable a mantener los lazos con España.

Abascal y las juntas de gobierno

José Fernando de Abascal y Souza
José Fernando Abascal y Souza (1743-1827), militar y administrador colonial español, virrey del Perú (1806-1816). En 1796, tomó parte en la defensa de La Habana frente a los ingleses. Tres años después, fue nombrado comandante general e intendente de Nueva Galicia (en el actual México), y, en 1804, virrey del Río de la Plata. No llegó a tomar posesión del cargo, ya que fue nombrado virrey del Perú en el mismo año, cargo que no desempeñó hasta 1806, debido a que en su viaje a Lima fue apresado por los ingleses. Al estallar la revolución de Buenos Aires (25 de mayo 1810), incorporó al virreinato del Perú las provincias de Córdoba, Potosí, La Paz y Charcas. Se distinguió por su lucha contra los movimientos independentistas: ocupó el Alto Perú y, tras sofocar la insurrección en Chile y el levantamiento de Quito, incorporó esta audiencia al virreinato del Perú. En 1816, fue relevado de su cargo y sustituido por el general Joaquín de la Pezuela. Falleció en Madrid en 1827.

La Feroz Represión de Abascal Contra Las Juntas
La coyuntura de la crisis española y el impacto de las Cortes de Cádiz no dieron fruto en el Perú. Esto se debió a la presencia del virrey Fernando de Abascal, quien deshizo conspiraciones y sofocó rebeliones, con lo que convirtió al Perú en el baluarte del poder real. Así, esta personalidad enérgica y de ideas conservadoras, se opuso y combatió los ideales liberales defendidos por Cádiz y las juntas de gobierno. 

Dentro de ese objetivo organizó diferentes campañas militares. Y para ese efecto organizó un poderoso ejército que tuvo hasta 23000 hombres. Este ejército estaba compuesto sobre todo de tropas mestizas bajo el mando de oficiales españoles, criollos y mestizos. El Ejército del Perú formado por Abascal sirvió de escuela –a pesar suyo- a muchos oficiales sudamericanos que al principio lucharon por la causa del Rey y que luego se identificaron con la causa patriótica de la independencia. Ese es el caso de por lo menos 4 presidentes del Perú: La Mar, Gamarra, Santa Cruz y Castilla.

Para financiar los gastos de ese Ejército y todas las campañas antipatriotas Abascal hizo uso de recursos extraordinarios. Quienes más colaboraron con él fueron los ricos y poderosos comerciantes limeños agrupados en el Tribunal del Consulado que durante tres siglos se habían beneficiado del monopolio comercial. Entre 1777 y 1818 esos comerciantes dieron a la Corona 5635000 pesos, lo que equivalía a toda la moneda acuñada durante un año en el Perú. Asimismo mantuvieron 1000 soldados durante un año a razón de 16000 pesos mensuales.  

Campañas Contra las Juntas
Campaña contra la Junta de Quito: Esta ciudad se ubicaba dentro del Virreinato de Nueva Granada. La junta formada allí estuvo dirigida por miembros de la aristocracia, como el Márquez de Selva Alegre y su hijo Carlos Montúfur. Abascal envió primero a Manuel Arredondo y después a Toribio Montes, quienes pacificaron Quito.

✍ Campaña contra Junta de Nueva Granada: Ubicada en el Virreynato del mismo nombre. El representante más reconocido entre los criollos fue Antonio de Nariño. Pedro Pablo Murillo derrotó a los sublevados.

✍ Campaña contra la Junta de Caracas: Envió a Pedro Murillo, vencedor de la isla Margarita. Bolívar huyó a Jamaica.

✍ Campaña contra la Junta del Chile: La actitud de Abascal contra Chile tuvo varias etapas. Hacia ella envió tres expediciones: La de Antonio Pareja, que triunfó en Talcahuano, pero los chilenos al mando de O’Higgins lo hicieron retroceder a Chillón; La de Gabino Gainza quien suscribió con los rebeldes el tratado de Lircay rechazado luego por Abascal; y, la de Mariano Osorio que terminó con la junta de Chile al derrotarlos en Rancagua.

✍ Campaña contra las juntas del Alto Perú: Fue acá donde Abascal puso más empeño en derrotar la formación de juntas. Igual que la campaña contra la junta de Chile esta estuvo marcada por etapas: la primera fue la lucha entre Castelli y Goyoneche que en un principio favoreció a los patriotas (Castelli: batalla de Suipacha) luego fueron derrotadas en Huaqui por Goyoneche. La segunda, entre Belgrano y Pezuela, y donde las fuerzas realistas de Pezuela derrotan a los patriotas en las batallas de Vilcapuquio y Ayohuma. Y, finalmente, el enfrentamiento entre Rondeau y Pezuela donde el primero es derrotado en la batalla de Viluma.

✍ Campaña contra la Junta de Buenos Aires: Esta junta estuvo presidida por Cornelio Saavedra y se declararon independiente de España. Organizaron las expediciones por el Alto Perú (Castelli, Belgrano y Rondeau) que aunque fueron derrotadas esta junta supo mantenerse independiente y de donde saldrá la cuarta expedición, la de San Martín.

ⓐ Mapa del área de influencia de la Cultura Vicus en Perú  ⓑ Mapa de la localización geográfica de la Cultura Vicus en el norte del territorio peruano
Mapa del área de influencia de la Cultura Vicus en Perú. |   Mapa de la localización geográfica de la Cultura Vicus en el norte del territorio peruano.

Cultura Vicus  

La cultura Vicus se desarrollo en las provincias de Morropón, Ayabaca, Huancabamba en el Alto Piura, en la etapa final del periodo formativo u Horizonte Temprano.

Tumbas

✍ Se conocen hasta once formas de tumbas.
✍ La más conocida es en forma de Bota.
✍ La tumbas son profundas poseen hasta diez metros de profundidad.
✍ Pueden tener relación con la Sierra del Ecuador y Colombia.

Cerámica

✍ Tuvieron varios estilos en cerámica.
✍ Dominan las figuras antropomorfas, zoomorfas y de felinos.
✍ Confección de las “Frías” Diosa  del  Norte. 
✍ Sobresalen los “Huacos Silbadores” que dan sonidos parecidos al de los animales serpiente, mono, ave, etc.
✍ También destaca el uso de la “Pintura Negativa”. (Consiste en no pintar la parte decorada, sino las áreas que rodeaban para destacarlas mejor).

ⓐ Huaco Sibador,  Botella antropomórficaⓑ Huaco doble con representación de una viviendaⓒ Cerámica Vicus representando un Huaco de Felino
ⓐ Huaco Sibador en una botella antropomórfica. Foto: Einsamer Schütze localización Museo Roemer Pelizaeus, Hildesheim.  Huaco doble con representación de una vivienda. Foto: Einsamer Schütze localizado en Walters Art Museum. | Cerámica Vicus representando un Huaco de Felino. 

Metalurgia

✍ Trabajaron el oro, la plata, cobre y aleación de ellos.
✍ Confección de adornos como protectores, collares, máscaras, brazaletes, orejeras y otras.

Técnicas metalúrgicas
✍ Del laminado.
✍ Del martillado.
✍ Del dorado.

Lectura

Lectura: Los Ceramistas Vicus
Los Ceramistas Vicus
Por Pablo Macera

«Los ceramistas Vicus manejaban hasta 68 formas diferentes su cerámica. Era tal el dominio sobre sus materiales que tenían estos artistas que lograron perfeccionar el sonido correspondiente al animal que representaba.


En la cerámica Vicus predomina la representación animal sobre la figura humana, es frecuente entre sus personajes diseñar los ojos de una forma especial que algunos arqueólogos llaman «granos de café».

Entre los personajes representados por los artistas Vicus se encuentra una divinidad de rasgos felinos que forma parte de la familia en que existen numerosos parientes como son la piedra Raimondi (Chavín), el Dios Mochica o la Portada del Sol (Tiahuanaco). Hay además un opersonaje mitológico que más al felino parece estar vinculado con el Vampiro un tema religioso y artístico no solo pan andino, sino también pan americano...».

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